¿Qué es y cómo entender el trastorno de déficit de atención con hiperactividad?


El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo de alta prevalencia en la población de niños, adolescentes y adultos, y que puede afectar el desarrollo de las funciones neurocognitivas y de la estructuración psicoemocional.

 

En esta enfermedad los factores genéticos juegan un rol importante en su origen, considerándose como uno de los trastornos psiquiátricos de mayor componente hereditario. Es por ello, que se estima que entre un 70% a 80% del riesgo de desarrollar TDAH puede ser atribuido a factores genéticos.

Los síntomas del TDAH están dados por tres patrones característicos que son la desatención, la hiperactividad y la impulsividad. En esa línea, la Dra. Marcela Larraguibel, psiquiatra y jefa de la Unidad de Psiquiatría Infantil y del Adolescente de nuestra Clínica Psiquiátrica Universitaria, describe: “La desatención lleva a que el niño frecuentemente cometa errores por descuido, que realice ciertas actividades sin reflexión aparente, presente dificultades para concluir una tarea y una tendencia a saltar de una actividad a otra. La hiperactividad motora varía con la edad. Al final de la edad preescolar interfiere seriamente el funcionamiento social y escolar, y disminuye después de los 12 años, cuando se transforma en una sensación de inquietud o apremio interno en la adolescencia y adultez”.

Respecto a la impulsividad, agrega: “Esta se manifiesta por impaciencia, respuestas precipitadas, dificultad para respetar turnos, acatar normas o adecuarse a situaciones sociales o académicas. No pueden seguir instrucciones en forma ordenada y pausada, e irrumpen en conversaciones de manera inoportuna e inadecuada”.

El TDAH tiene una etiología multifactorial, en que se conjuga una interacción sucesiva y recíproca entre lo genético y el ambiente, con muy alta heredabilidad. En ese contexto, la Dra. Tamara Rivera, psiquiatra de la Unidad Infantil y del Adolescente de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, señala: “Los factores de riesgo identificados para el desarrollo del TDAH son inespecíficos y se asocian también a otros trastornos mentales y del neurodesarrollo. Los principales identificados hasta el momento son la predisposición genética asociada a algunos genes específicos, la prematuridad, la exposición intrauterina al tabaco, el bajo peso al nacer y el estrés tóxico durante el embarazo”.

¿Cómo diferenciar un comportamiento típico de un comportamiento por TDAH?

La Dra. Rivera explica: “El TDAH se distingue de un comportamiento normativo de inatención/hiperactividad/impulsividad, en que este patrón observado es más allá de lo esperado para la edad y/o etapa del desarrollo, afectando el desempeño en al menos dos ámbitos de la vida del paciente —familia, colegio, amigos, etcétera—, generando deterioro en diferentes funciones y relaciones, impactando su rendimiento global”.

Por su parte, la Dra. Larraguibel subraya que durante los primeros años de vida “puede ser difícil distinguir las manifestaciones del TDAH de los comportamientos propios de la edad en niños activos. Los niños que presentan el trastorno despliegan sus dificultades de manera constante y en diferentes ambientes y contextos. Se agrega además una baja autorregulación y su comportamiento responde rápidamente a la contingencia inmediata. En la práctica esto se traduce en dificultades en respetar normas y en un comportamiento socialmente inapropiado, acarreándole una importante disfuncionalidad”.

Macarena Pi, psicóloga y parte de la Unidad de Psiquiatría Infantil y del Adolescente de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, añade: “Sabemos que las personas con TDAH muchas veces responden mal al sistema de castigos y recompensas —no aprenden bien de eso— entonces es poco efectivo. Siempre es mejor la estrategia llamada ‘disciplina efectiva’, lo que incluye, por supuesto, usar mucho cariño. El TDAH influye en la conducta de los niños, pero no es un problema de conducta; eso es otra cosa”.

¿Cómo pueden los padres manejar las expectativas?

Partiendo de la base que el TDAH se caracteriza por la presencia de grados variables de inatención, hiperactividad e impulsividad que impactan en el desarrollo del aprendizaje y rendimiento escolar, así como en los procesos adaptativos del individuo a su medio ambiente, para manejar las expectativas de los padres, lo primero es informarse con el profesional y especialista capacitado en tema.

La Dra. Marcela Larraguibel indica que cuando los niños son hiperactivos en ciertos ambientes y no en otros, “hay que pensar que existen estresores específicos que no le están permitiendo enfrentar la realidad de manera segura y serena; por lo tanto, hay que buscar el o los factores desencadenantes de esta sintomatología y no pensar en la presencia de un TDAH en el niño”.

Finalmente, la psicóloga Macarena Pi asegura: “Tras aceptar esta nueva normalidad y, sabiendo que esto es debido al neurodesarrollo, que no es un problema de voluntad, que no es que el niño no quiera, se ayuda mucho con las expectativas de los padres porque la aceptación y la información van de la mano para entender lo que el niño puede y no puede hacer. Y entonces los adultos debemos adaptarnos a eso”.

Fuente: Hospital Clínico de la Universidad de Chile.