Dr. Jonathan Véliz, psiquiatra: “Ningún cuadro psiquiátrico implica necesariamente conductas violentas”


En Chile 1 de cada 3 mujeres ha vivido violencia física, sexual o psicológica por parte de sus parejas o ex parejas.  En promedio anualmente son asesinadas 40 mujeres en nuestro país.

 

Casos sórdidos como sacarle los glóbulos oculares a una mujer, prenderle fuego o apuñalar a embarazadas se repiten en los medios de comunicación. ¿Por qué una persona llega a atacar con tal brutalidad a otra? ¿Cómo se puede identificar a un posible agresor? ¿En qué momento se cruza el límite?

El Dr. Jonathan Véliz, subdirector de la Clínica Psiquiátrica Universitaria HCUCH explica que, “hay que aclarar que estos casos de violencia sórdida no responden a enfermedades psiquiátricas, ya que ningún cuadro psiquiátrico implica como elemento diagnóstico fundamental conductas violentas. Hay personas que actúan de manera poco ligadas con lo moral, y eso no es parte de ningún diagnóstico clínico contemporáneo,  estando más allá de la compresión psiquiátrica.

Uno puede diagnósticar a alguien con descompensaciones  de su carácter o que hay relaciones de pareja disfuncionales; pero que se llegue a hacer algo de este carácter, como sacarle los ojos a su pareja, realmente pasa a ser algo incomprensible”.

¿Por qué se produce este tipo de violencia contra la mujer?

“Este tipo de violencias son multicausales y la medicina  no tiene categorías ni le corresponde explicarlas. Habitualmente tiene que ver con una relación de poder, con sentirse en prioridad, con sensación de control, de ver al otro como un recurso o prolongación de sí mismo, en donde se puede disponer e incluso hacer atrocidades y obscenidades con la pareja”.

¿En qué momento dejan de ser normales los desacuerdos entre la pareja?

Habitualmente estas conductas violentas parten con otras conductas violentas más solapadas, como por ejemplo, violencia psicológica, agresiones verbales -utilización de palabras despreciativas, sobrenombres-  valoraciones inadecuadas de ciertos roles. Desde ahí que la víctima no debería permitir entrar en este tipo de dinámicas, porque no se sabe en qué o cómo pueden  terminar. No hay que tolerar que se traspasen los límites del respeto.

Cuando una persona no puede conducir una interacción con su pareja es momento de pedir ayuda; cuando no se puede poner límites uno tiene que denunciar. Es muy difícil definir qué implica una relación amorosa, pero sin duda conductas violentas y destructivas no son parte de una relación de amor.

¿Qué puede hacer el entorno para ayudar a una persona que está siendo víctima de violencia intrafamiliar?

Lo principal es contener, acompañar y favorecer la toma de decisiones hacia la protección. Denunciar y estar disponibles como familia, no bajar  la importancia a situaciones que son violentas y no hay que esperar violencia física para considerar que un acto es desmesurado.

¿Es conveniente intervenir cuando se es testigo de una situación de violencia?

Tenemos que vivir en una sociedad colaborativa porque muchas veces cuando la víctima está dentro de una dinámica violenta, comienza a aceptar cosas que son inaceptables. Es clave denunciar este tipo de actos. Quizás intervenir en el momento puede ser peligroso porque se puede terminar siendo agredido también, pero es importante denunciar porque es un deber moral.

¿Qué podemos hacer como sociedad para que este tipo de situaciones no se repitan?

Más que avanzar en castigos, hay que avanzar en educación a la población, en cómo vivir en pareja y en armonía, enseñar a comunicarse, discutir las diferencias y a no aceptar el trato violento; más allá de poner el énfasis en el castigo, que sin duda es importante y necesario.