¿Cómo actuar en situaciones de catástrofe?


Pánico, desesperación y angustia son algunas de las reacciones que tienen las personas ante las situaciones de catástrofe que afectan a nuestro país, como incendios forestales y aluviones.

 

Al respecto el Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico Universidad de Chile entrega algunas recomendaciones sobre cómo enfrentar el compromiso emocional y psicológico de las personas después de ocurrido el desastre.

La primera ayuda emocional a los sobrevivientes de un desastre está directamente relacionada con la solución de sus necesidades básicas y de supervivencia (alimentación, agua potable, abrigo, alojamiento, atención médica, etc.). Los trabajadores de la salud y de ayuda humanitaria deben tener en cuenta este elemento cuando se interviene en los primeros días posteriores al evento traumático.

  • Valore cuidadosamente las reacciones de las personas afectadas por el desastre e identifique con criterios claros a las que requieren una atención psicológica más urgente para ofrecerles un apoyo personalizado.
  • Asegúrese de que la primera ayuda psicológica no interfiera ni complique los primeros auxilios médicos.
  • Elimine o reduzca la hiperactividad. La persona, generalmente, realiza numerosas actividades sin terminar ninguna; puede ser muy crítico o conflictivo y poco paciente. Se le deben asignar algunas actividades de poca complejidad.
  • Evite la inmovilidad. La persona que no puede moverse debe ser ayudada cuando existe la seguridad de que no hay ninguna razón física que lo justifique. Se debe hablarle, sentarla en un lugar seguro y asegurarse de que esté abrigada.
  • Elimine la posibilidad de pánico. El pánico no es la conducta esperada o típica de la población. Sin embargo, la persona en estado de pánico debe ser tratada con firmeza, pero siempre con respeto, sin gritarle. Si hay más personas presentes, deben ser apartadas. Hay que evitar que el sujeto en pánico corra, abrazándolo fuertemente, no dejarlo solo y traer sus pensamientos a asuntos cotidianos.
  • Aparte a la persona apática. La persona apática no molesta pero debe ser situada en un lugar seguro, resguardándola del frío.
  • La persona que está en estado de shock o conmoción debe ser alejada del ambiente traumático. Hay que hacerle sentir que está acompañada, sostenerle la mano, abrazarla, acariciarla, hablarle con tono afectuoso y sereno, llamándola por su nombre.
  • Si la persona expresa sus sentimientos de dolor o frustración con un comportamiento agresivo, por ejemplo, golpeando objetos, acompáñela calmadamente, sin tratar de detenerla inmediatamente, a menos que la seguridad de ella misma o de otros corra peligro.
  • Evite los relatos con detalles horripilantes, pero tampoco tratar de minimizar lo sucedido como “si aquí no hubiera pasado nada”.
  • Estimule y favorezca que las personas afectadas se incorporen a las tareas de ayuda mutua entre sí, tan pronto como sea posible.
  • El contacto físico facilita las cosas y crea una sensación inmediata de seguridad, por ejemplo, si se le coloca la mano en su hombro mientras se le escucha. No obstante, se debe proceder con cautela en la proximidad a una persona afectada, ya que hay personas a las que puede resultarles incómodo un contacto excesivo.
  • Actuar con calma tiene un efecto tranquilizador sobre las personas afectadas. La calma es casi tan contagiosa como el nerviosismo; es necesario hablar sosegadamente y en tono normal.
  • La soledad crea sentimientos opresivos. Siempre que sea posible, se debe permanecer junto a la persona afectada y decirle que dispone del tiempo suficiente para ayudarla; no deje a la víctima sola o, al menos, asegúrese de que alguien esté con ella. Evite correr de un lugar a otro.
  • Evite comentarios inadecuados, por ejemplo, decir que la ambulancia tarda demasiado o que hay que apresurarse en llegar al hospital.
  • Facilite que la persona afectada se desahogue; el llanto puede ser un buen ejemplo, es un poderoso alivio para los sentimientos y evita sentirse extremadamente opresivo. Se debe proteger la intimidad de la persona que desee llorar.

Evite los curiosos. Las personas afectadas, por lo general, están incomodas por la posibilidad de que otros lo contemplen en la expresión de sus sentimientos; la ayuda debe consistir en apartar a la persona afectada y llevarla a un lugar con cierta privacidad.

Si la víctima demanda información sobre su situación personal es necesario: Explicar lo que se le está haciendo de forma que lo entienda, evitando palabras técnicas y de alto contenido emocional.  Se pueden usar los siguientes mensajes: “Esto duele un poco, o esto no duele”, “Te vamos a poner un vendaje”, “Vamos a subirte a la ambulancia”, “Luego te llevaremos al hospital” “Si te pongo esto, estarás más cómodo”. Si la víctima solicita información sobre otras personas afectadas por el desastre y existe la certeza de que la situación no es muy grave, se debe adoptar una actitud tranquilizadora. Se puede decir: “Están siendo atendidos”, “Cuando sepa algo, ya se lo diré”.

  • Si existen signos claros de fallecimiento (personas cubiertas con mantas) y la víctima tiene acceso visual a la situación, ante la demanda de información, ofrezca una información objetiva.
  • Evite comentarios como “Puedo imaginarme por lo que has pasado”. Es mejor “Debe haber sido terrible” o “Debe ser muy duro para usted superarlo.